
En el día de ayer, 29 de marzo, lamentablemente nos dejó
Juan Echecopar, delantero pincharrata de la recordada y gloriosa década del 60. Uno de los emblemas de ese mítico equipo de Zubeldía. El vasco Echecopar, oriundo de Pergamino, campeón del mundo, será recordado por siempre. Llegó a Estudiantes en 1961, formó parte de la famosa
Tercera que mata, con la que conquistó su primer título en 1965 y por supuesto, cuando subió a Primera división, fue figura y símbolo de aquel equipo que a partir de 1967 ganó todo. Justamente, en 1967 cuando Estudiantes gana su primer
Torneo Metropolitano, hay un gol en la 4ta fecha contra Boca, que también peleaba la punta del torneo, que quedó marcado para siempre: recibió una pelota en la mitad de la cancha y desparramó a todos los que se le cruzaban por el camino, tremenda factura, el gol del triunfo por 1-0 en el mintuto 44. Estallido general. Tapa de
El Gráfico, del 28 de marzo de 1967.
Aquí algunos fragmentos de la nota recordatoria de Eduardo Tuccio, aparecida en el
Diario El Día:
"Fue el partido más importante de esa jornada porque los dos peleaban
por la punta y se insinuaban como aspirantes a la pelea mayor. (...) Los dos carecieron de la puntería necesaria frente a los arcos y
el cero parecía irremediable. Al menos hasta los 44 minutos del segundo
tiempo, o sea en las puertas de la pitada final. En ese instante, la
pelota llegó a la mitad de la cancha en lo que parecía una jugada
aislada, que desembocaría en el final de la contienda. Pero no. El
talento, la magia y la prestancia del flaco Echecopar -Juan, o
simplemente el Vasco como lo conocían en su Pergamino natal-, se hizo
dueño de la situación en esa zona del campo donde se sentía tan a gusto,
tomó el esférico y encaró a Silvio Marzolini; después de esquivarlo,
dejó fuera de acción al uruguayo Silvera y fue en busca del turco
Minoían -sí, el mismo que brilló en el Lobo del 62 pero que en ese
momento defendía la valla auriazul-, que nada pudo hacer ante la
arremetida del mediocampista pincharrata. La obra de arte se
completó con un nuevo esquive frente a Marzolini y el final entrando al
arco con pelota y todo...El estallido, la locura y el telón para una de
esas acciones imposibles de olvidar. (...) Aquel gol, que hasta algunos
quisieron evocar con un monumento, lo marcó para toda la vida. Fue la
tapa de El Gráfico
y el propio Echecopar reconocería que "Fue el más
lindo de mi trayectoria; fue un golazo, por la jugada y por la
importancia que tuvo ese resultado".
Juan Echecopar, en una entrevista otorgada al
Diario La Opinión, de
Pergamino, en ocasión de la obtención de la Copa Libertadores en 2009, decía:
"viendo al Estudiantes del miércoles, me sentí
reflejado, aún cuando son distintas épocas y jugadores por esa
responsabilidad de equipo que siempre se siente vistiendo esa casaca.
Diría que existe un sentimiento, una entrega muy especial, más la
guapeza de jugador de fútbol en todo terreno y lugar. El club
forma a sus futbolistas y le da un perfil
definido. Pasan los años, dejás la actividad y seguís participando, no
te alejás. Si vivís en el Interior y llegás a La Plata, sos el de
Estudiantes, no te olvidan, es toda una familia. El propio club tiene la
virtud de no olvidar el pasado, a quienes ocuparon algún lugar ya como
jugador, técnico o dirigente. Para eventos especiales siempre nos
convocan, eso da la continuidad. Todos los que han pasado por la entidad
contribuyen a su crecimiento, algunos más, otros menos, pero ocuparon
un sitial, no importa la relevancia".
Gracias, Juan Echecopar, por siempre en la memoria e historia grande de Estudiantes de La Plata.